domingo, 25 de octubre de 2015

Ricard Rubio B2A



Antonio Machado

El capítulo de Machado es sin duda el que más me ha costado y el que he tardado más en leer ya que a parte de que es más extenso que los otros capítulos, contaba demasiadas cosas relacionadas con la política del momento y no me entretenía lo suficiente. Me gustó lo que dijo cuando le llegó la noticia de que habían asesinado a Lorca que era algo parecido a “¡Pobre de ti, Granada! Más pobre todavía si fuiste algo culpable de su muerte. Porque la sangre de Federico, tu Federico, no la seca el tiempo” y “la tierra generosa española no ha dado al mundo a García Lorca para que un soldado ignorante lo mate”. Los dos poemas que más me gustaron del capítulo fueron: el soneto que compuso en Valencia y publicó en Hora de España, en el cual evocaba su infancia sevillana y hablaba también sobre el hermano mayor con la que la había compartido, y el poema que compuso en Villa Amparo que habla sobre su amor secreto Pilar Valderrama. Me pareció curioso que un sevillano como Antonio Machado leyera obras de Maragall, Mosén Cinto y Ausiàs March, ya que decía que no tenía la necesidad de dominar el idioma para poder gozar estas obras de otras culturas peninsulares. La parte que más me enganchó del libro son las últimas páginas en las que se nos explica como estaba el escritor físicamente y la manera como había envejecido, cuando nos explica como tuvo que exiliarse a Francia junto a su madre de ochenta y ocho años y cuando nos cuenta como murió, al lado de su madre. Me conmovió cuando se nos cuenta que la madre se alegró de haber cumplido su objetivo, que era morir cuando su hijo lo hiciera, y cuando nos dice que José le mintió diciéndole que se habían llevado a su hijo a un sanatorio y que se iba a curar, pero ella sabía que no era verdad y rompió a llorar como una niña.


Juan Ramón Jiménez

Del capítulo de Juan Ramón Jiménez me hizo gracia justo al comienzo cuando se nos cuenta lo que le dijeron en una carta Luis Buñuel y Salvador Dalí sobre su obra, Platero y yo. El capítulo me pareció un poco aburrido en sí, como el de Machado, porque se  nos habla sobre mucha política, el Gobierno Español, la República, y los conflictos políticos del país y no me parecían temas que me interesasen, ya que preferiría que se nos contase más sobre el autor y no tanto sobre la situación política de España. Pero la parte que más me gustó fue cuando él y su mujer se van a Estados Unidos para escaparse de la guerra, porque tenía pendiente un contracto con el Departamento de Educación de Puerto Rico, y porque se le estaban agotando los recursos. Pero lo que más me llamó la atención fue la crítica que hace más adelante sobre Nueva York cuando llega a la ciudad y  la compara con una metrópolis que está regida por máquinas, en la que los ciudadanos son como tornillos de estas máquinas y como viven obsesionados con adquirir más dinero para comprar más máquinas. Finalmente, una frase que me quedó grabada y me encantó es la que dijo sobre Adolf Hitler: “¿Podría este gorila, cerdo, tiburón, rejir el mundo?”




Federico García Lorca

El capítulo de Federico García Lorca es sin duda el capítulo que más me ha gustado y entretenido. Me lo leí en una sola tarde porque me enganchó bastante su historia. Justo al comienzo ya aparece una afirmación que me llamó la atención, que es la de que mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa, y la cual compara posteriormente con dos hombres caminando por la orilla y uno le dice al otro, que está muy hambriento, que mire a esa barca tan bonita y el hambriento le dice que no ve nada, que tiene hambre. También me llamó la atención cuando cuenta cómo impresionó a Lorca la declaración de Cernuda sobre su homosexualidad, la realidad y el deseo le habían vencido con su “perfección sin mácula, con su amorosa agonía encadenada, con su ira y sus piedras de sombra.” Me hizo gracia el nombre del pueblo de la casa del padre de Lorca, Asquerosa, nunca había oído sobre ese pueblo. También me entretuvo la parte en la que se nos cuenta el argumento y nos explica como son los personajes de La Casa de Bernarda Alba, ha hecho que me entre curiosidad de leer el libro. Me gustó también como el poeta dejó clara su opinión sobre lo que para él significa el hecho ser español, afirmando que no creía en las fronteras políticas. Igual que en todos los capítulos, las partes que menos entendí o que me costaron más son las que hablan sobre temas políticos en las cuales aparece mucho vocabulario que no entiendo o me cuesta entender. Me llamaron la atención y me hacían gracia la cantidad de caricaturas que se hicieron sobre Lorca. Me impactó mucho como se nos cuentan todos los asesinatos a inocentes granadinos y como quedó rodeada la ciudad por territorio republicano, plantando así el terror en Granada. La parte que más me enganchó fue cuando los fascistas empiezan a buscar a Federico García Lorca para llevárselo, hasta que unos amigos de la familia delatan su paradero haciendo así que se lleven al poeta y lo fusilen. Para terminar, me impresionó que se corriera una cortina de silencio sobre el poeta y que la gente pensara que era un maldito.


Miguel Hernández

Su capítulo me ha parecido también bastante entretenido y no se me ha hecho nada pesado como los anteriores. Además, contiene muchas partes o frases que me hicieron gracia. Me llamó la atención lo que dijo sobre Neruda para expresarle su admiración, que se echaría arena en los ojos o que hasta se pillaría los dedos con las puerta y se tiraría de un árbol. Me impactó mucho cuando nos cuenta que la guardia civil se lo llevó al cuartel varias veces y le pegaban palizas porque no creían su verdadera identidad y la protesta que encabezaron varios poetas importantes para apoyarle. Un detalle que me llamó bastante la atención fue que en su boda, Josefina vistiera un vestido negro, y me gustó el poema que le dedicó a ésta cuando se quedó embarazada. Lo que más me gustó de Miguel Hernández es como decía todo lo que pensaba,  su manera de decir las cosas y como no tenía miedo a decirlas, sobretodo cuando criticaba a Hitler, Mussolini y Franco, diciendo que eran como monos representantes y diciendo otras pestes sobre ellos, y cuando apuntó en la pizarra de la Alianza que ese sitio estaba “lleno de putas e hijos de puta”. Otro dato que me gustó de este capítulo es que no se habla tanto sobre política. También me llamó la atención que empezara a escribir poemas de temas sobre la muerte a raíz de la muerte de su hijo, que en el sanatorio le negaran ayuda cuando se encontraba mal sólo por ser comunista, que le dijera a su mujer: “!Ay, hija, Josefina, qué desgraciada eres!” cuando estaba muriendo, y sobretodo cuando el padre afirmó que no necesitaba ningún pésame porque pensaba que él se lo había buscado.

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