domingo, 25 de octubre de 2015

Iván Ruiz B2A



Antonio Machado

Lo que más me ha llamado la atención de Antonio Machado es que se puede resumir su paso por la guerra como una ruta ( de huída ) por las capitales de la España republicana, viviendo en un primer momento en Madrid. Su ruta de escape progresiva empezará por mudarse a Valencia, posteriormente a Cataluña y finalmente en Collioure, Francia, donde muere. A lo largo de todo este camino, el poeta, muy concienciado con la causa republicana, aporta todo su potencial como poeta a los diarios en los que expresa su odio a los fascistas, crueles destructores de la cultura. Finalmente, cuando todo está perdido, se ve obligado al exilio en Francia, cosa que el teme constantemente durante todo su viaje, ya que quiere morir en su España, y no en otra tierra. Es el autor cuya lectura ha sido la más fácil y rápida, a pesar de que su capítulo es el más extenso.

 
Juan Ramón Jiménez

De Juan Ramón Jiménez la primera impresión que te da es que su postura ante la guerra es huir de ella, ya que cuando ésta comienza, emprende junto con su mujer Zenobia un viaje a las américas, donde recibe el premio nobel de la literatura no sin antes haber visitado muchos países, como Estados Unidos, Puerto Rico o Cuba, desde los que irá apoyando a la España republicana desde las distancias.

Federico García Lorca

 Nada más comenzar la guerra, Lorca se posiciona con los republicanos por la causa en Madrid, donde comete ( a mi parecer ) el error de irse a granada pensando que allí estará más seguro, pero pronto se da cuenta de que moverse a granada ha sido un error, ya que los fascistas persiguen a los “rojos”, hasta tal punto que se tiene que ir mudando de casa y refugiándose en casas agenas para huir. Finalmente dos mercenarios le capturan a él y otro compatriota y son asesinados al lado de un árbol.

Miguel Hernández

De Miguel Hernández llama la atención su cambio de mentalidad tras su viaje a Rusia, su relación con su celosa mujer, y su inteligente huida hacia Portugal, que se ve interrumpida tras ser reconocido porque vende un reloj que le delata, no como Miguel Hernández en sí, sino como un “ladrón”. Cuando es encarcelado, se destapa quien es él y pasará el resto de su vida en la cárcel, en la que no dejará de enviar cartas a su mujer. Además, llama la atención que es un poeta que además de ayudar con palabras ayuda en el frente combatiendo con la causa republicana.


                                                                                                                                             

No hay comentarios:

Publicar un comentario