domingo, 25 de octubre de 2015

Clara De las Heras B2B



ANTONIO MACHADO

Lo primero que me llamó la atención al comenzar a leer el primer capítulo, fueron los versos “Si mi pluma valiera tu pistola / de capitán, contento moriría”. Con ellos nos demuestra que toda su vida utilizó la literatura como arma bélica, como método para protestar contra la injusticia que vivía España en esa época, y mostrar orgulloso sus ideales republicanos. Así, a diferencia de otros artistas españoles que se vieron forzados por la situación, nunca se retractó de su forma de pensar ni dejó de escribir en contra del régimen fascista. Además, me llamó la atención su decepción con su hermano Manuel, que acabó trabajando para el bando opuesto, y también el amor imposible del poeta con Pilar de Valderrama, el cual utiliza como inspiración para escribir. Así mismo, destaca la creación del personaje literario “Juan de Mairena”, utilizado para poner en su boca los pensamientos reales del autor. También me llamó la atención su interés por la URSS y su sistema político; aunque no compartía del todo los ideales comunistas, sí que se consideraba socialista.

Otro momento importante fue su exilio a Francia, ya que el último deseo del poeta era partir de su país natal, pero debido a las circunstancias no le quedó más remedio que huir. Además, las condiciones en las que tuvo que irse fueron muy duras: en una ambulancia, acompañado de otras personalidades de la época, en pleno invierno, pasando hambre y frío. Machado destaca la hospitalidad y el buen trato de los franceses hacia los exiliados.

El momento de su muerte fue muy trágico, ya que a él le hubiera gustado morir en su patria, defendiendo la República por la que tanto había luchado y que al final acabó derrumbándose. En sus últimos días Machado estaba enfermo y se sentía muy cansado, pero él insistía en seguir viviendo y con la esperanza de poder volver a España. Su funeral fue muy emotivo.

En conclusión, Antonio Machado es un gran ejemplo de constancia y lucha por la República.



Juan Ramón Jiménez

Una de las primeras cosas que me llamaron la atención al comenzar a leer el capítulo de Juan Ramón Jiménez fue su peculiar ortografía: escribir “j” en lugar de “g”, o “s” en lugar de “x”. La curiosidad me ha llevado a buscar el motivo de tal cosa en Internet y he encontrado esta cita: “Primero, por amor a la sencillez, a la simplificación en este caso, por odio a lo inútil. Luego, porque creo que se debe escribir como se habla, y no hablar, en ningún caso, como se escribe. Después, por antipatía a lo pedante.” Con esto, su desconfianza en los médicos, su odio hacia los altavoces, y la obsesión y su perfeccionismo con la publicación de su “Obra”, nos demuestra que era un hombre bastante peculiar. Uno de los aspectos que más me impactó del pensamiento de Juan Ramón Jiménez es su idea del “trabajo gustoso”, consistente en que cada individuo trabajara por vocación en lo que le gustara y al ritmo que necesitara. Así, el autor defiende que se llegaría a una situación de paz y armonía en la humanidad, y lo más importante, desaparecería la “antipatía”, el peor de los males. Esta teoría me parece correcta, porque si, en efecto, todo el mundo trabajara en lo que más le gustara, viviríamos más contentos y se evitarían algunos conflictos, pero por otra parte, me parece una idea imposible de llevar a cabo, ya que habría según qué puestos de trabajo que dejarían de existir porque nadie querría ocuparlos. También cabe destacar su fidelidad a la causa republicana, aún estando en el continente americano, con la publicación de diversos manifiestos en los que queda clara su postura política. Finalmente, me llama la atención que él mismo pensara que siempre había estado orgulloso de la dignidad con la cual se había comportado antes, durante y después de la guerra.



FEDERICO GARCÍA LORCA

Desde mi punto de vista, los aspectos más importantes a destacar del capítulo de García Lorca son dos: el hecho de que se basara en personas de su pueblo natal para escribir La casa de Bernarda Alba, y el relato de los días previos a su asesinato.

Me llamó mucho la atención que el autor se inspirara en personas que de verdad había conocido para sentar las bases de los personajes de La casa de Bernarda Alba, sobre todo la protagonista, que es una exageración de Frasquita Alba Sierra, vecina de García Lorca. Y no sólo se basa en los vecinos de Asquerosa para escribir su novela, sino también en sus costumbres, sus maneras de vivir y ver el mundo, los escándalos que allí ocurrían...  Además, Bernarda Alba es una metáfora de la situación política que vivió el poeta, que parecía que quisiera dejar constancia, escribiendo un “documental fotográfico” (tal y como él mismo lo describió) de la dura, reprimida, autoritaria y cruda España que a él desgraciadamente le tocó vivir. Efectivamente, García Lorca declaró en una entrevista (de la que se habla en las páginas siguientes del libro) que él ya no hace “arte por el amor al arte”, sino que lo utiliza como un medio de denuncia social; el arte tiene que expresar el sentimiento del pueblo. En esa entrevista también manifiesta su patriotismo y su crítica a la burguesía granadina (“la peor de España”).

Por otra parte, he de admitir que me sentí un poco angustiada al leer el relato de cómo vivió el poeta sus últimos días (sobre todo conociendo ya de antemano cuál iba a ser el final), intentando ocultarse de los fascistas, con esperanzas aún de salvarse, viviendo con miedo y con ansia.

En definitiva, es una desgracia que tuviera que morir un hombre tan ilustre, simplemente por haber defendido sus ideas antifascistas, sobre todo mediante sus obras, y por su condición de homosexual.


MIGUEL HERNÁNDEZ

El capítulo de Miguel Hernández ha sido para mí el más ameno a la hora de leer, ya que en él se tienen muy presentes sus relaciones personales y amorosas, sobre todo con su amante Maruja Mallo, su mujer Josefina Manresa y posteriormente sus dos hijos, y qué influencia recibe su obra de estas relaciones, a parte de relatar su compromiso político.

Lo primero que me pareció interesante al empezar a leer este autor fue su admiración por Lorca, no correspondida del todo por el poeta granadino. Además, cabe mencionar la relación de Hernández con su gran amigo Neruda. También la influencia que tuvo el desamor con su amante y el tira y afloja que tuvo con su prometida a la hora de celebrar su boda. Me llamó bastante la atención que, aunque estuviera completamente enamorado de ella y le dedicara muchos poemas, al poeta nunca le gustara mucho el carácter de Josefina. Nos lo demuestra en sus cartas y con unas de sus últimas palabras antes de morir, que fueron “¡Ay, hija, Josefina, qué desgraciada eres!”. También destaca la influencia de sus dos hijos en parte de su obra.

Respecto su ideología política, cabe mencionar su claro alineamiento con el comunismo, en contraste con otros autores que no quisieron posicionarse tanto en este aspecto (Juan Ramón Jiménez y Lorca, sobre todo). De todas formas, cuando Hernández viaja a Moscú, se lleva un desengaño con la figura de Stalin: por primera vez reconoce la existencia de una parte oscura en esta corriente de pensamiento, pero aún así no abandona su ideología.

El aspecto que más interesante me pareció de este poeta fue el hecho de que no se limitara a escribir defendiendo la República como hicieron la mayoría de sus contemporáneos, sino que llegó a estar en el frente, primero como zapador y después como comisario de guerra componiendo con una misión propagandística para animar a los soldados. Con ello nos demuestra su valentía y sus incansables ganas de ser de utilidad para la causa republicana. Su compromiso con la ideología socialista era tal que se negó a retractarse de sus ideas estando en la cárcel para poder librarse de la pena de muerte. Su fallecimiento fue muy trágico, ya que no podía ser trasladado a un hospital para que pudieran tratar su enfermedad al ser un preso político.

En definitiva, Miguel Hernández fue una figura de gran importancia entre los defensores del socialismo durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, apoyó la causa con las armas y las letras, y fue fiel a sus ideales hasta el final de sus días.



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