Antonio Machado
Después
de haber leído sobre la vida de Antonio Machado, hay dos cosas en general sobre
él que me fascinan. Se trata de su infatigable trabajo a favor de la República
que le ocupará durante toda la Guerra Civil y la fuerza con la que encara este
trabajo y esta situación.
Machado
en ningún momento dejará de luchar, por muy perdida que dé la causa. Las cinco
mudanzas que sufrió a causa del avance fascista (Madrid, Valencia, Barcelona,
Girona y finalmente exiliado a Francia) le agotaban, le deshonraban, y se
sentía cada vez más melancólico de su casa y de su familia. Pero no dejó de
escribir para los periódicos republicanos, ni dejó de asistir a congresos, ceremonias
o reuniones de todo tipo para dar sus fuerzas al pueblo o para seguir dando
esperanza tras la muerte de una persona de tan importante rango, como fue
Federico García Lorca, por ejemplo. Esa era su vida, y la daba toda por una
España Republicana. Y eso es admirable.
La
fuerza interior de Antonio Machado, fue sin duda, una fuerza para todo pueblo
español. Él la sacaba de la esperanza de una España libre, de su madre (que
estuvo con él hasta el fin de sus días) y de las muchas figuras españolas
importantes de la literatura y de la no literatura que estaban con él y con
todos los republicanos, en esos momentos, más unidos que nunca. En cambio las
fuerzas le fallaron (aunque no lo suficiente como para vencerle) al saber que
uno de sus hermanos, Manuel, se une al bando fascista y cada vez que pensaba en
Pilar Valderrama, su amor platónico y la Guiomar de sus poemas, de quien se
tuvo que separar hace tiempo por ser ésta perteneciente de una familia católica
de derechas y tener que huir a Portugal.
Sin
embargo, se ha mostrado a Machado como un hombre sencillo, muy fiel a su patria,
incansable, enamorado, muy querido y apoyado por todas las personas que, como
él, han sufrido las barbaridades de la etapa. El poeta no ha dejado nunca de
creer en una España libre y no ha dejado de luchar por ello. Al final las
fuerzas le fallarán y se sentirá derrotado y humillado pero Antonio Machado es
una grande figura española, por su fuerza, por su voluntad y por sus
incansables ganas de mostrarle al mundo a través de sus escritos su realidad. Y
esta pequeña reflexión es la que me he llevado al finalizar el capítulo.
Juan Ramón Jiménez
De
la vida de este autor, figura tan querida por los literatos y por los lectores
de la literatura española, cualificado de encerrado, solitario, cabezón,
cobarde por los que no lo valoran y de persona admirable por aquellos que sí,
me ha sorprendido a la vez que extrañado, como cabe esperar, la huida de este a
Estados Unidos al empezar la Guerra Civil española.
Cuando
el poeta pide el traslado a Estados Unidos junto a su mujer, Zenobia, declara
que en España se ve inútil, se muestra como cree que su trabajo a favor de la
República sería más productivo allí que en la propia España. Lo cierto era,
también, que los recursos de la pareja se agotaban, no tenían dinero y su mujer
recibiría una pequeña renta de su herencia si residiesen en Estados Unidos, a
esto se añade el deseo de Juan Ramón de ver acabada su Obra, deseo que jamás se
cumplirá. Por esto y más motivos decidieron irse. Y este hecho, da que pensar,
tanto a algunos vivientes de la época como a mí que lo hizo para huir de esos
tiempos tan difíciles para España y únicamente en beneficio suyo. Sin embargo,
a lo largo del relato vamos viendo que realmente Juan Ramón siente por España,
sufre por ella y la añora. Hace lo que está en su mano, cosa que en un
principio podíamos llegar a dudar.
Otra
cosa un tanto curiosa de Juan Ramón que no me ha pasado desapercibida es el uso
de la “j” en palabras que no la rigen en
sus escritos, como por ejemplo: “jeneral”. Es decir, este autor tan peculiar se
salta la gramática española fijada antaño por motivos únicamente estéticos.
Esto, tal vez, sea uno de los motivos por los que jamás acabaría su Obra: era
tan perfeccionista y buscaba tanto el nivel estético que nunca se daba por
satisfecho.
Para
acabar, diré que Juan Ramón tiende a ser un autor que al conocer su biografía
se te crean ciertos prejuicios, pero que con el paso de las páginas descubres que
fue un artista, que, como cualquier otro, hizo cuanto estuvo en su mano por la
República Española. No volverá a España desde su autoexilio, pero siempre, la
llevará consigo y a todos los republicanos que sufren las crueldades
dictatoriales también. Eso es con lo que me quedo.
Federico García Lorca
De
las que llevo leídas, esta es la biografía más dura sin duda. Federico García
Lorca, excelente dramaturgo granadino, republicano, fusilado por los
antirrepublicanos a comienzos de la Guerra Civil española. ¿Qué decir de esta
historia? Conmueve toda ella. Al leerla, yo misma casi podía sentir el miedo
que el autor refleja sobre Federico, desde su traslado a Granada, vive aterrado
y es impactante las circunstancias en las cuales tuvo que pasar esos años de su
vida.
Algo
un tanto desconcertante que no tiene mucho que ver con el sufrimiento del poeta
pero con lo que no he podido evitar sorprenderme es la coincidencia entre “Así
que pasen cinco años”, obra escrita en 1931 de Lorca con la que da un paso más
en el teatro de la época ya que no se trata tanto del arte por el arte si no de
una obra socialmente comprometida, y la forma en la que concluyó la vida del
mismo dramaturgo. El protagonista de la obra “Así que pasen cinco años” muere
de joven y de un pistoletazo, Federico García Lorca morirá fusilado
precisamente cinco años más tarde, a sus 38. ¿Mera coincidencia? Puede ser, en
todo caso, resulta profundamente sorprendente.
Hablando
de lo sentimientos de Federico: se le ve una persona temedora de la muerte.
Huye, se mueve, se traslada de un lugar a otro: de Madrid a Granada, de la
Huerta a casas de amigos…Fue, incluso, huésped en una casa falangista. Se le
nota durante todo el escrito una persona con mucha ansiedad incluso, aunque
esto es una suposición mía, da la sensación que se arrepiente de todos los
escritos referidos a la Falange Española.
No
puedo evitar estremecerme con la manera de pensar tan radical de aquella época
(no tan lejana). Se recogen expresiones como: “si hay que eliminar a la mitad
de los españoles para ganar lo que es ya una Guerra Civil en toda regla, está
dispuesto a hacerlo”, “café, mucho café” (expresión con la que se ordena una
ejecución) o “le he metido dos tiros en el culo por maricón”, y otras muchas
que nos muestran la crueldad con la que los fascistas trataban a los rojos o a
cualquiera que no siguiese su modelo dictatorial.
Para
concluir, me he quedado con la última frase: “De verdad, nunca ha habido, en la
historia de la literatura mundial, un escritor tan llorado”. Y es que Federico García
Lorca es la viva imagen de una excelente persona, escritor y amigo, puesto
injustamente en manos de los monstruos de la dictadura española.
Miguel Hernández
Miguel
Hernández, joven poeta alicantino, fue otro de los muchos que sufrió las represalias
de la Guerra Civil. Él, a diferencia de los otros se declaró comunista pero en
todo caso estuvo en contra del régimen fascista en todo momento.
Algo
destacable de Miguel es su decisión de colaborar por la liberación de España a
través de la pluma y a través de las armas. Ingresa en el Quinto Regimiento a
la vez que escribe numerosos poemas sobre sus disconformidades internas.
Miguel, además, era un punto de apoyo siempre, una persona en la que había
esperanza y optimismo a pesar de la situación, al menos hasta su regreso de la
Unión Soviética. En mi opinión, pienso que es de gran valor el hecho de vivir
en tiempos tan difíciles como fueron aquellos y aun así tratar de levantar la
moral de la gente a través de sus escritos.
Me
ha sorprendido el amor-odio que siente por su novia, futura esposa y madre de
su hijo. Pues cuenta como la añora durante todo el periodo dictatorial, como
desea verla, a ella y a su hijo y cuanto le gustaría que ella le visitase
cuando estuvo en la cárcel. Él siempre intentará hacer lo posible por tenerlos
a su lado. Pero habla a la vez muy mal de ella y de las mujeres en general
cuando cita textualmente: “Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta”, por
ejemplo. A esto se suma también el visible sufrimiento por Maruja Mallo, su
amante, de la que se ve que se quiere separar porque no le hace ningún bien
pero la echa terriblemente de menos. Todos los poemas dedicados a ésta son
relacionados con el sufrimiento y en ellos suele aparecer la palabra “sangre”.
Se
puede decir, por tanto, que Miguel Hernández fue un hombre esperanzador,
siempre fiel a sus principios (ya que prefirió quedarse en la cárcel a mostrar
arrepentimiento ante los rebeldes), preocupado por el estado y la educación de
su hijo, y querido en general (exceptuando a su padre, que no quiso saber nada
de él) aunque abandonado por sus amigos más fieles en momentos decisivos de su
vida, como fue el estar encarcelado y enfermo. Dura vida la de Miguel
Hernández.

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