domingo, 25 de octubre de 2015

Joan Roig B2A



El libro está dividido en un prólogo, 4 capítulos (cada uno de los cuales hace referencia a un destacado poeta de la época) y un epílogo.

El prólogo titulado “Epifanía del Frente Popular” hace referencia a la victoria del Frente Popular en las elecciones generales celebradas en España en febrero de 1936.
Tomando como hilo conductor el viaje realizado a España por el periodista Argentino, de origen español, Pablo Suero, entre diciembre de 1935 y febrero de 1936. Nos hace una introducción de la situación política y cultural de la época.

Los capítulos siguientes  nos hablan de la suerte que corrieron estos cuatro reconocidos poetas españoles desde la victoria del Frente Popular en febrero de 1936 y el inicio de la guerra civil el 19 de julio de 1936.

Capítulo 1. Antonio Machado

Después de una introducción a su biografía, se centra en la suerte que corrió el poeta desde el alzamiento  hasta su muerte en Colliure (Francia) el 22 de febrero de 1939.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención de este capítulo es el gran esfuerzo del gobierno de la segunda república para salvar y proteger la cultura  y la ciencia española de la época, y el traslado desde Madrid a Valencia, de Valencia a Barcelona y finalmente de Barcelona a Francia de una buena representación, entre ellos a Antonio Machado y a su familia, aunque si por él hubiera sido se hubieran quedado en Madrid.

También me ha llamado la atención la alta actividad cultural y literaria. No creo que en España haya habido tal cantidad de publicaciones como las había en esa época y como se supieron mantener durante la guerra civil, a pesar de la dificultades que implica una guerra. Empezando por “El mono azul” revista promovida por Rafael Alberti y Mª Teresa León, pasando por “Ayuda”, “Milicia Popular”, “Hora de España”, “El Pueblo”, “Frente Rojo”, además de los periódicos “Heraldo de Madrid”, “La Vanguardia”, etc.

Aunque creo que a él le hubiera gustado poder coger las armas en ayuda del gobierno legítimo de la república, no pudo hacerlo debido a su edad y estado de salud, por lo que se sirve del gran número de publicaciones existentes y también de sus apariciones en diferentes actos para luchar contra los rebeldes desde las letras.

Capítulo 2. Juan Ramón Jiménez

En este capítulo no se hace una introducción a su biografía como se ha hecho en el anterior, sólo hace referencia a su matrimonio con Zenobia Camprubí, escritora española de origen puertoriqueño.

Lo que más me ha llamado la atención de Juan Ramón Jiménez es su aparente “egoísmo”, ya que vive  centrado en la conclusión de “La Obra”,  una recopilación  antológica de su obra desde 1895, la cual no va a ver terminada nunca por su obsesión en corregir o retocar todo lo escrito anteriormente.

Mi impresión es que se trata de una persona con problemas mentales, ya que tiene un montón de manías que hacen referencia a su salud (es hipocondriaco), al dinero (cree que le roban), su “fobia” social (no hace casi ninguna aparición pública), la manía de corregir lo que ya ha escrito anteriormente tampoco es muy normal... no sé, igual me equivoco...

No se siente seguro en España, y por ello, a pesar de ser republicano convencido le da miedo  pronunciarse con respecto a sus inclinaciones políticas, al menos durante su permanencia en España. Después ya a “salvo” durante su exilio en América, se posiciona claramente al lado de la república.

Da la impresión de que sale huyendo de España al poco tiempo de iniciado el alzamiento, eso sí, con el permiso de las autoridades y con la excusa de tener un contrato pendiente en Puerto Rico y que tanto él como su mujer podrían hacer algo por España desde América. El matrimonio tiene problemas de liquidez.

A pesar de todo lo dicho, también tenia su lado bueno, ya que en varias ocasiones se había ofrecido a las autoridades de la república para ayudar en lo que fuera menester. Al final Zenobia y él, acogen en un piso de su propiedad en Madrid a niños abandonados haciéndose cargo de ellos; también se mostró solidario con los niños españoles en problemas debido a la guerra durante su estancia en Cuba.

Desde su exilio en Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico hace todo lo que puede por ayudar a España, aunque sin mucho éxito, ya que los otros países tienen sus propios problemas y no colaboran en ayudar al gobierno legítimo de la república. Sólo el bando de Franco recibe la ayuda de Italia y Alemania.

A pesar de todo Juan Ramón Jimenez fue un gran poeta y escritor merecedor del premio Nobel de Literatura en 1956. Dos años después moría en el exilio sin haber vuelto a pisar su querida España.




Capítulo 3. Federico García Lorca

A principios de 1936, Federico Garcia Lorca vive centrado en su producción teatral, con obras ya en cartel y a punto de publicarse su obra maestra “La Casa de Bernarda Alba” (basada en personajes reales). Muy amigo de la actriz española Margarita Xirgú que está en México triunfando con “Yerma”, “Doña Rosita la soltera”, “La Zapatera prodigiosa” y “Bodas de sangre” todas ellas obras de García Lorca. El escritor tiene previsto viajar a México, pero no llega a hacerlo debido al alzamiento.

Lo que más ha llamado la atención de este capítulo es el MIEDO y la incertidumbre que tiene García Lorca ante lo que pasará en España, incluso ya antes del alzamiento. Parece que tiene la premonición de que le va a pasar algo, ya que pide  con insistencia y a diferentes personajes por lo que sucederá y lo que debe hacer, tanto en Madrid como ya en Granada.

Justo después de los asesinatos del 12 de julio del teniente José Castillo y de Calvo Sotelo como represalia, el poeta decide regresar a Granada con su familia, quizás creyéndose allí más a salvo que en la capital. Todavía no ha empezado la sublevación fascista.

Antes de su huida de la capital, Federico García Lorca llevaba una gran vida social, acudiendo a fiestas, tertulias literarias, cenas, etc. Se dedicó a hacer lecturas de su recién publicada obra de teatro “La casa de Bernarda Alba” y todo el mundo sabia de sus simpatías a la república, su desprecio a la alta sociedad y su homosexualidad. Tiene miedo a que todo esto pueda ser usado en su contra y en los últimos días es más prudente, incluso se niega a apoyar públicamente al partido comunista.

En Granada sigue pasando un miedo atroz, ya que al empezar el alzamiento Granada cae enseguida en manos fascistas. Federico Garcia Lorca se traslada de la casa familiar a la casa de su amigo falangista Luis Rosales (también me ha llamado mucho la atención que una familia de falangistas estén todos de acuerdo en ocultar a un rojo, incluso sabiendo del gran riesgo que corren si son descubiertos. Esto demuestra  que entre los fascistas había también buena gente).

Al final es descubierto y detenido, y a pesar de los esfuerzos hechos por la familia Rosales para liberarlo, es ejecutado la madrugada del 17 al 18 de agosto. Parece ser que el responsable de su detención y posterior ejecución es Ramón Ruiz Alonso.

Sus miedos eran completamente justificados.






Capítulo 4. Miguel Hernández

Miguel Hernández, era el más joven de los 4 poetas de este libro. De origen humilde, fue el único que se alistó y luchó por la república con el 5º Regimiento. Al igual que lo hicieron otros poetas también lo hizo a través de sus versos, sobre todo después de su encuentro con Valentín González, conocido como el campesino (comisario político de la brigada), que lo nombra jefe del Departamento de Cultura de la Brigada.

Me sigue llamando la atención la alta actividad literaria que se produjo durante la Guerra Civil. Miguel Hernandez fue un gran ejemplo de ello. Publicó un gran número de escritos para levantar la moral de los combatientes y también para captar  a nuevos. También publicó libros durante la guerra: “Viento del Pueblo” y “El hombre acecha” que ya estaba en imprenta, pero que al final no fue publicada entonces, porque la edición fue destruida por las tropas franquistas. Gracias a que se salvaron dos ejemplares hoy en día conocemos estas obras.

Durante la guerra asiste en Valencia al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura en julio de 1937 y en septiembre viaja a Moscú formando parte de la delegación española asistente al V Festival de Teatro Soviético. Vuelve de Moscú viendo al comunismo de una forma más realista y su obra cambia de rumbo: del optimismo de que la república iba a vencer hacia el pesimismo.

Me ha llamado la atención y me ha dado pena, el abandono que sufre de sus supuestos amigos comunistas (ya lo había sufrido de parte de Federico García Lorca en 1932, cuando el poeta se comprometió a hablar de sus poemas en Madrid y a escribirle, pero jamás lo hizo, dando la espalda a M. Hernández). Muchos huyen de España dejándolo abandonado a su suerte. Inicia un viaje por España (Madrid, Sevilla, Cádiz) para acabar pasando a Portugal donde es detenido por supuesto ladrón y entregado a las autoridades franquistas el 4 de mayo de 1936.  Es reconocido y encarcelado por rojo, pero es liberado el 15 de septiembre.

También llama la atención que a su salida de la cárcel todos sus amigos le aconsejen que salga de España, pero no les hace caso y regresa con su mujer e hijo a Cox en Alicante. Allí lo vuelven a detener y lo condenan a muerte.

Gracias a la intervención de su amigo José Mª Cossío, y a que también Franco no quería volver a equivocarse  como lo hicieron con Federico García Lorca, le cambian la pena de muerte por una pena de 30 años de prisión.

Otra vez su tozudez vuelve a manifestarse cuando por intermediación de algunos “amigos” entre ellos Cossío y el clérigo Luis Almarcha  le proponen la firma de su arrepentimiento para conseguir el indulto, a lo que se niega tajantemente.



En la cárcel enferma de tuberculosis y por falta de atención médica (táctica del régimen franquista para quitarse a los presos de encima) muere preso el 28 de marzo de 1942.

Pero lo que más me ha llamado la atención ha sido su tozudez, ya que si hubiera hecho caso de los consejos de sus amigos (primero de que huyera o se escondiera y después que se arrepintiera) probablemente habría muerto de viejo.

También me admira su valentía y sus principios para con sus ideales al negarse a firmar su confesión.



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