domingo, 25 de octubre de 2015

Mireia Antich B2B



Antonio Machado.
Antonio Machado, en lo que permiten las circunstancias, tuvo la suerte que mucha gente hubiera querido. No tuvo que retractarse, mantuvo sus ideales firmes y pese a que le costó y lo paso muy mal por ello no dejo de escribir en contra de los fascistas. Además, los franceses, según afirmaba el mismo, lo trataron muy bien tanto a él como a los exiliados españoles que llegaban al país.
Al contrario que Miguel Hernández, el queda al margen de la guerra real, se considera un arma literaria, usa su literatura para expresar sus ideas y dar apoyo a la república.
Es triste ponerse en su lugar antes de morir y pensar en cómo debió ser para él, ver como la república por la que tanto había luchado y sufrido se derrumbaba y no podía hacer nada al respecto más que ponerse a pensar en que su otro gran amor, Pilar Valderrama tampoco había podido ser suya.
Pero a pesar de todo, lo que más me ha llamado la atención de la vida de Antonio Machado ha sido la relación con su hermano Manuel por cómo puede destruir tener dos ideologías políticas diferentes la relación entre dos hermanos.
Juan Ramón Jiménez.
En  un principio no parecía una persona de confianza, con miedo a posicionarse en un bando concreto y a comprometerse con nada que no fuese su obra. Según seguía leyendo mi opinión sobre su persona ha ido cambiando mi opinión  sobre su persona ha ido cambiando hasta ser casi totalmente diferente.
En un principio he creído que era un paranoico, un antisocial y un egoísta, finalmente sólo mantengo que es un paranoico. Mi cambio de opinión se debe sobre todo a su preocupación por los niños: cuidar a niños abandonados por la sublevación militarista con su mujer, haber donado el dinero sacado de vender sus joyas antes de salir del país a esos niños, su colaboración en la Fiesta de la Poesía y el Niño en Puerto Rico o la visita a los niños evacuados de España con rumbo a México en un puerto de Cuba, me parecen gestos muy altruistas y dignos de admirar. También me sorprendió mucho su paso de “no comprometerse” con ningún partido especifico a apoyar tan concienzudamente al Frente popular y parecer tan convencido de lo que defendía, tanto que se fue del país pensando que haría más fuera que dentro de España aunque al final no le hicieran prácticamente caso. De todas formas, en cuanto a su salida del país, no me parece tan humilde como el libro quiere hacernos creer, no creo que actuara así simplemente porque creyera que ayudaría a la república si se iba, creo que quería salvar su pellejo y el de su mujer por encima de todo.
Federico García Lorca.
Es curioso cómo se pasa de ser feliz por el éxito de tu obra e ir a pasar el día de tu santo con tu familia a tu pueblo y sin darte tiempo a reaccionar un golpe de estado te convierte en una persona perseguida por la ley.  No me imagino como se habrían comportado si además de ser republicano  hubiera sido también comunista, si lo hubiera sido y reconocido públicamente.
Me entristeció mucho el fragmento en el que la niñera cuenta la primera vez que los fascistas entran en la Huerta y como los tratan porque basta leer eso para saber que era sólo el principio, que la familia tendría que enfrentarse a las amenazas de los fascistas para que entregaran a Lorca, que quisieran llevarse a su padre en su lugar, etc. Pero, la parte que más me entristeció fue la despedida de Federico García Lorca hacía Esperanza Rosales: “No te doy la mano porque no quiero que pienses que no nos vamos a ver otra vez.”, porque a pesar de que el probablemente sabía lo que le esperaba no quiso que los demás sufrieran por el en aquel momento.
Miguel Hernández.
Miguel Hernández es probablemente el capítulo que más me ha gustado, es probable que sea porque no sólo hablaba de la guerra sino que también contaba su historia personal y amorosa con Josefina y los encuentros con Maruja Mallo de los que luego se “arrepiente”.
Me ha gustado más su forma de afrontar la guerra frente a los otros autores. Miguel Hernández comprometido con sus creencias, tenía total fe en el comunismo y la república porque de verdad pensaba que eran fundamentales para construir una España mejor. Como he dicho antes, a diferencia de, por ejemplo, Juan Ramón Jiménez, no se conformaba con ser un “arma literaria”, buscaba participar activamente en la guerra, ser parte de ella.
Me ha llamado la atención también su sinceridad, pero sobre todo me ha llamado la atención la referencia a un artículo que escribió para el Frente Sur:
“Mi madre ha sido, es una de las víctimas del régimen esclavizador de la criatura femenina. Enferma, agotada, empequeñecida por los grandes trabajos, las grandes privaciones y las injusticias grandes, ella me hace exigir y procurar con todas mis fuerzas una justicia, una alegría, una vida nueva para la mujer.”
Este fragmento de este articulo llamado “Compañeras de nuestros días”, me ha llamado tanto la atención que me lo he leído tres veces antes de ir a leérselo a mi abuela por lo mucho que me ha recordado a ella y porque sin duda, me parece un buen mensaje.


Finalmente, el libro no me ha gustado. No me ha gustado no por lo que cuenta, que es bastante interesante, sino por lo pesado que se ha hecho leerlo. Me gusta mucho leer pero la mayoría de las cosas que leo son novelas y a lo mejor por eso no me ha acabado de convencer este libro. Igualmente, he aprendido cosas interesantes sobre estos autores que no conocía y por tanto tampoco ha estado tan mal como al principio me parecía aunque no me haya gustado.

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