domingo, 25 de octubre de 2015

Fernando Gómez B2A

Ya por sus antepasados y por su familia más cercana puede verse el espíritu liberal y progresista que Antonio Machado posee, este tipo de pensamiento, por desgracia, le hace pasar una vida de profundo dolor (como es de esperar también de una vida envuelta en la guerra), empezando por la muerte de amigos suyos como Federico García Lorca o Emiliano Barral y por el exilio de Pilar de Valderrama (su amor platónico y musa, llamada Guiomar en sus poemas) a Portugal; muy dolido también por la traición de sus amigos como Ortega y Gasset y Marañón y por su hermano Manuel Machado, que se pone en contra de la República y se dedica al general Franco, sin embargo, todo ese dolor no le impide escribir a favor del Gobierno, con fe en la República, a favor del avance de España, ni siquiera un viejo y deteriorado Antonio Machado se jubila en sus pensamientos y ánimos por invitar a España al progreso.
Se ve el respeto también que siente también hacia los clásicos por sus reiteradas comparaciones al Cid y su historia; su afición a los clásicos además de escribir nostalgia a Pilar de Valderrama y empática tristeza hacia las víctimas del belicismo fascista de España, entre otros, es lo que convierte a Antonio Machado en un clásico también.
Confieso que he leído este primer capítulo de una forma muy crítica puesto que no me interesa en general la divulgación histórica, aun así es cierto que he encontrado ciertos aspectos de la vida de Antonio Machado destacables por lo que puede que me sumerja más a lo largo del resto del libro.
Siento respeto por aquellas personas que luchan por sus ideales y lo hacen de la forma apropiada, compartan o no los míos, por eso siento respeto hacia la capacidad de Antonio Machado por “blandir su pluma” para criticar el desprecio del fascismo por el arte y la cultura, que al bombardearla, según Machado, conducían a España al caos.
Hoy en día parece que nos de miedo llevar un pensamiento contrario entre personas y Machado, que tuvo que huir a causa de su ideología para no morir en la guerra, incluso metido en Francia lejos de su Andalucía siguió sintiéndose español, tal vez deberíamos aprender de él el valor de reafirmarse en lo que creemos sin vacilar.
Capítulo 2: Juan Ramón Jiménez.
Gracias a este capítulo logramos ver el punto de vista que tenía el mundo de España, la presunta indiferencia francesa y la poca prioridad que se le daba desde América, pero sobretodo presenta la forma en que Juan Ramón ponía su grano de arena en la lucha contra el fascismo desde el extranjero aunque con dificultades debido a las preelecciones del Gobierno de Roosevelt y su poco nombre en Estados Unidos.
Nos presentan a Juan Ramón como un maniático y perfeccionista que da la sensación de ser un excelente escritor pero una persona difícil de tratar o entender llegando incluso a la antipatía, un escritor al que le repele el público y la multitud, sin embargo, nos damos cuenta de que no es tan inhumano como su poesía sino que apuesta por la juventud y busca su desarrollo intelectual, ayuda a los niños abandonados y recogidos por el Gobierno, instituye la Fiesta de la Poesía y el Niño y recoge en 1937 a los niños evacuados de España a México.
Es un profundo admirador de la obra de Machado y tras la muerte de Federico García Lorca muestra también admiración por su obra, además de esto podemos darnos cuenta de que entre los escritores de la época había estrechas relaciones de amistad incluso referido a Juan Ramón y su actitud a veces demasiado directa.
Aunque desde América consigue dejar clara su posición, el “comunismo poético” y “el trabajo gustoso” y justo, no logra (y es una gran desgracia tanto para él como para sus seguidores) terminar su querida Obra, aquella que busca con tanto ahínco y no es capaz de concluir por culpa de la guerra, él sufrió el dolor de España desde la impotencia de no poder actuar, pero con el mismo espíritu español que se veía reflejado en el exilio de Machado.




Capítulo 3: Federico García Lorca.
Los abundantes bombardeos informativos acerca de la historia de la España de la República y de Franco que envuelven a Federico García Lorca no dejan entrever demasiado sus reacciones, ligeramente su ideología y ciertos matices de su pensamiento literario, parece ser que no tuvo mucha oportunidad en expresarse puesto que murió muy rápidamente víctima del fascismo. Supongo además que las cercanas muertes de conocidos que experimentó ahogaron y desesperaron cada vez más a ese Federico al margen; sus sentimientos apenas surgen debido a la persecución que sufría y se encierra en sí mismo viendo cada vez más cerca su final.
Una vez más encontramos a una víctima del fascismo, es más, de la homófoba y machista España de la época franquista, puede que por eso Lorca retrasara a veces la publicación de sus obras, buscando el mejor momento para hacerlo, porque debía ver sus obras demasiado avanzadas para la época sobretodo en momentos en los que el hambre sustituía el arte.
Me apena mucho al igual que sus compatriotas escritores Machado y Juan Ramón que un escritor tan brillante como Lorca tuviera que rebajarse y humillarse para pedir ayuda o clemencia para él y sus familiares cuando tan sólo unos años atrás rozaba la fama hasta el punto de no poder caminar por la calle sin que le pararan continuamente, esto demuestra la descomposición a la que había llegado España, en la que asuntos políticos o dictatoriales mandaban asesinar a las mentes más brillantes de España tan sólo por su pensamiento u orientación sexual, desperdiciando un potencial con un sinfín de posibilidades.






Capítulo 4: Miguel Hernández.
Miguel Hernández fue un hombre de acción, para empezar surge casi de la nada motivado por su encuentro con Federico García Lorca decidido a convertirse en poeta de éxito, la desgracia está en que en su despegue estalla la guerra.
Abre los ojos y se afilia al partido comunista como resultado de la brutalidad de la Guardia Civil y creo que fue un cambio realmente personal porque ese sentimiento se refleja en su poesía pasa a ser más solidaria y menos individual.
Una cosa que me llama mucho la atención es que a través de Miguel Hernández podemos darnos cuenta de la brutalidad en la que la guerra curtía a los desafortunados que la tuvieron que vivir tan de cerca como él. Empezamos viendo su energía y ánimos por resistir al fascismo incluso a través de las imágenes adjuntas a pesar del estallido y las complicaciones de su noviazgo; a medida que avanza el caos, vuelve de su visita a la unión soviética, ve todo tipo de atrocidades durante la guerra, padece la muerte de un hijo y la distancia de su familia vemos cómo decae hasta que tras su fallido exilio a Portugal su salud física empeora de forma cada vez más grave a causa de su paso por la cárcel; finalmente culmina en la nada, en la ausencia de esa energía inicial, como puede observarse en el triste retrato de su muerte.
Miguel Hernández es con diferencia el personaje de este libro que más se sacrificó por sus ideales hasta tal punto que decidió “luchar al lado del pueblo”.



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